Anoche volviste a la luz de mi Alma, llegaste silencioso a mi cama, como un Angel, a visitar a su otro Angel, sin respirar, en silencio, para no despertarme, aguantando el jadeo de la añoranza, el deseo… y entraste en mis sueños. Parecía como si no hubiese pasado el tiempo, como si el dolor nunca hubiese existido, nada me ahogaba, me sentía vivo.




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